Israel despierta sin mayoría: el escrutinio deja la Knéset en manos de los partidos árabes

Israel despierta sin mayoría: el escrutinio deja la Knéset en manos de los partidos árabes

Israel amanece este miércoles 28 de octubre de 2026 en un escenario de bloqueo político, con el escrutinio todavía en desarrollo y una certeza incómoda para todos: ningún bloque tiene asegurados los 61 escaños que exige la mayoría absoluta en la Knéset.

Las primeras elecciones legislativas desde los ataques del 7 de octubre y la posterior guerra en Gaza han producido un Parlamento partido en tres, una participación histórica y dos líderes que, en la misma madrugada, se declararon capaces de formar gobierno.

Una participación que no se veía desde 1999

La jornada del martes 27 de octubre llevó a las urnas a los ciudadanos israelíes para elegir a los 120 miembros de la Knéset. La participación casi definitiva alcanzó el 77,7 %, la cifra más alta desde 1999, según los reportes de The Times of Israel.

El dato no es menor: en un país atravesado por la guerra, la fatiga política y años de elecciones repetidas, el electorado acudió en masa, como si entendiera que estos comicios eran distintos.

Esa movilización tuvo un protagonista inesperado. Las formaciones de mayoría árabe —la Lista Conjunta y Ra’am, liderada por Mansour Abbas— registraron un aumento significativo de participación entre sus votantes, según reportó The Jerusalem Post, y se han consolidado como la pieza que puede inclinar la balanza parlamentaria.

El conteo: 57, 47 y 16

Con el 41,9 % de las urnas escrutadas a las 5:58 de la mañana, hora local, el Comité Central Electoral dibujaba un mapa sin ganador.

El bloque favorable al primer ministro Benjamín Netanyahu —el Likud junto a Shas, Judaísmo Unido de la Torá, Otzma Yehudit y Sionismo Religioso— encabezaba el recuento parcial con 57 escaños.

El bloque opositor liderado por Gadi Eisenkot —su partido Yashar, acompañado por B’Yachad de Naftali Bennett, Yisrael Beytenu de Avigdor Liberman y Los Demócratas— sumaba 47.

Las facciones predominantemente árabes cerraban el corte preliminar con 16 escaños, según las actualizaciones recogidas por The Times of India y The Times of Israel.

La aritmética es implacable: 57 no son 61, y 47 tampoco. Netanyahu se queda a cuatro escaños de la mayoría; Eisenkot, a catorce y con solo un camino posible para recortarlos.

Y el resultado ni siquiera es definitivo: resta por contabilizar más de la mitad de las urnas y los votos emitidos en doble sobre, incluidos los de los soldados, que se procesan en la fase final del escrutinio y han movido escaños en elecciones anteriores.

En el otro extremo de la tabla, tres formaciones permanecen por debajo del umbral electoral del 3,25 %: Los Reservistas, con el 2,7 %; Pueblo de Israel, con el 1,8 %, y Público Jaredí, con el 0,3 %. Sus votos, dispersos, alimentan aún más la fragmentación.

Dos victorias proclamadas en la misma madrugada

Antes de que el conteo hablara, ya lo habían hecho los líderes. Netanyahu, de 77 años, declaró desde Jerusalén que el bloque de derechas obtuvo un mandato claro entre el público sionista.

Poco después de las 3 de la madrugada, ante sus seguidores, aseguró que los resultados oficiales demostrarían que «el Likud es el partido más grande de Israel», defendió la necesidad de «establecer un gobierno nacional fuerte y de derecha» y añadió que no se debe formar un gobierno que dependa del apoyo de los partidos palestinos.

Eisenkot, exjefe militar y líder de Yashar, respondió desde Tel Aviv que los votantes eligieron el cambio e instó al mandatario a dejar el cargo.

En su discurso sostuvo que un líder digno habría aceptado el veredicto y anunciado su retiro de la política, y advirtió a Netanyahu que no utilice la seguridad de Israel con fines políticos, en medio del temor de que el primer ministro aproveche el periodo de incertidumbre para lanzar un nuevo ataque contra Irán.

Las encuestas a pie de urna de las principales cadenas de televisión ayudan a entender la cautela que debería acompañar a ambas proclamas: sugerían un empate entre la coalición gobernante y el bloque opositor, con 51 escaños cada uno, y avances significativos para los partidos palestinos, que podrían pasar de sus 10 escaños actuales a unos 18.

Esos sondeos, eso sí, son notoriamente imprecisos en Israel y suelen revisarse tras su publicación, con diferencias finales de varios escaños respecto al conteo real.

La controversia de la jornada

El día electoral dejó también su momento de tensión institucional. El Comité Electoral Central rechazó el último intento de Netanyahu y otros partidos de mantener abiertos los colegios electorales más allá de las 22:00.

El primer ministro había insinuado públicamente que la izquierda y los árabes intentaban robar las elecciones, una afirmación que el propio comité desestimó declarando que no había encontrado pruebas de manipulación sistemática.

Que el organismo electoral tuviera que salir a defender la limpieza del proceso en plena noche de conteo da la medida del clima político en el que Israel votó.

Lo que viene: semanas de negociación

Con el escrutinio abierto y ningún bloque en 61, el futuro gobierno de Israel se decidirá en los despachos.

Si el bloque de Netanyahu no suma los cuatro escaños que le faltan con el resto del conteo, y si Eisenkot tampoco alcanza la mayoría, el líder opositor se vería obligado a negociar con la Lista Conjunta y Ra’am para intentar formar Ejecutivo —un proceso que podría durar semanas—, o a explorar un gobierno en minoría sostenido por acuerdos informales voto a voto.

Es la paradoja que define esta elección: los partidos árabes, cuyo apoyo Netanyahu ha declarado inaceptable y cuya participación ha crecido como nunca, son hoy los árbitros del próximo gobierno de Israel.

La noche electoral terminó sin ganador. La temporada de negociaciones, que en la política israelí puede ser tan larga como una legislatura, acaba de empezar.

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